Brevet de 200 Km. P.C.Bonavista tal com ho ha viscut el company Miguel.

Gracias por tu simpatico relato. Espero que los 300 no sean tan mojados, tambien pasamos Agramunt, esta vez dirección a Balaguer.

Cuando paseaba con mi mujer y mi hija por las calles del casco antiguo
de Manresa, hacía una tarde de los más apacible, con algo de nubes…
pero a la salida de la pizzería, donde me colmé de hidratos de carbono
con salsa bolognesa, llovía alegremente, mal presagio, y tuvimos que
echar a correr hasta el albergue donde nos hospedábamos.

A la mañana siguiente, sólo se veían charcos por las calles, pero en
momentos puntuales de la madrugada, había oído llover con cierta
intensidad, o tal vez estuviéramos en una habitación cerca de las
canalizaciones del tejado.

6:30 de la mañana, sede del Club Bonavista, organizadora de la
brevet. Allí, todavía de noche, unos cien ciclistas se afanaban en
preparar la salida: unos obteniendo el carnet de la prueba, otros
comprobando sus luces, o charlando con amigos que sólo nos vemos en
estas ocasiones. Entré, me dieron mi carnet de ruta, saludé a Agustí,
y me hice unas fotos. Encendí mi piloto rojo trasero y me puse en la
fila de salida.

6:56, salimos, despacito, por las calles dormidas de Manresa. Aún no
habíamos abandonado las últimas casas, comenzó a llover tímidamente.
Supongo que el dios Neptuno, o Zeus, o quien controla estos asuntos de
la lluvia, nos quiso decir: ¿pero no me teméis? Pues no, ahí
estábamos, con nuestro objetivo por delante, ajenos a todo, ‘como quien
oye llover’.

Hasta Solsona el terreno iba ascendiendo, desde los 230 de la salida
hasta los 660, aunque en algún punto ascendimos un alto que marcaba más
de 750 metros. La verdad es que no me enteré muy bien de esta zona: al
principio, de noche, sólo veía pilotillos rojos y ocasionalmente las
farolas de algún pueblo, luego, amaneciendo, la lluvia me acogotaba con
la mirada en el suelo, y tenía que esquivar el agua que a veces
salpicaba la rueda de quien llevaba delante.

Llegamos a Solsona. En la gasolinera que hay en la entrada,
aparecimos los 25 ciclistas de mi grupo como marujas en día de rebajas:
llenamos aquel pequeño garito con nuestros cuerpos mojados, sacando el
carnet para que nos echaran el sello correspondiente, y buscando unos
un baño, otros un grifo, otros la máquina de los refrescos…

A partir de aquí, el terreno fue muy favorable, había que volver a
bajar hasta los 316 metros de Artesa de Segre. La velocidad media de
estos 108 primeros kilómetros fue de 29,30 kms/h, íbamos volando sobre
el asfalto (a lo mejor, la adherencia del piso mojado es menor, o
huíamos de una tormenta aún más grande que se nos avecinaba…)

En la gasolinera de Artesa, llegamos menos, seríamos unos 18, después
de pasar Ponts, unos repechos algo duros dejó descolgados a varios
compañeros de ruta. Allí comí un sandwich que empezaba a humedecerse
en mi bolsillo del maillot, y un sobre de glucosa. Bidones llenos y a
correr. Pero pasado Artesa, en la brevet llegó el caos. Si hasta aquí
había sido un grupo compacto de ciclistas, buena media, buen
ambiente… todo se acabó. Unos pararon a comer con su grupo en un
bar, otros salieron antes de tiempo… cuando me encontré sólo, porque
mi reducida compañia se paraba, me di cuenta que aquello no cuadraba
bien. Mi dirección era demasiado al sur de lo que debería ser…

Un pueblo: Claravalls. Una confirmación: estoy perdido. Aproveché el
portal de una casa para sacar el mapa sin que se mojara y ver qué
alternativas tenía. El siguente punto de control era San Ramón, así
que decidí llegar a Tárrega y coger una comarcal hasta Concabella: me
saldrían 14 kms más, pero era mejor que volver sobre mis pasos.

Llovía con gusto, y los coches que me adelantaban me traían más agua.
Además, era una recta interminable, con Tárrega al fondo, al que nunca
llegaba. Cuando me quedaban pocos metros… ¡oh, sorpresa! varios
ciclistas volvían en dirección contraria, más perdidos que yo todavía,
pues tomaban el camino inverso para recuperar el itinerario marcado.
Les hice señales, pero en medio del aguacero, cualquiera entiende
nada. Es un pequeño consuelo, un ridículo consuelo, pensar que no fui
el único que se perdió.

De Tárrega a Concabella el agua cesó, pero comenzó un viento lateral
bastante molesto. A estas alturas, mi media había bajado de aquellos
estratosféricos 29,30 a sólo 26,50. Me limité a rodar, dejando pasar
el tiempo, aproveché para alimentarme tranquilamente. En Concabella
era el punto de encuentro con mis chicas, con las que más o menos
llegaría a la hora prevista, a pesar de mi pérdida.

De Concabella hasta Manresa quedaban 70 kilómetros siempre en
dirección este, por lo que el viento se volvió en contra, siempre en
contra, la media de los 12 kms hasta Sant Ramón no pasaría de 13 kms/h,
en lucha contra el viento, con la lluvia que regresaba, contra mi
soledad… Así que al ver un puñado de bicicletas paradas en un bar,
donde había que sellar la cartilla, mi cuerpo se dejó caer, y entré a
buscar fuerzas renovadas junto a un batido de chocolate bien
calentito.

El mapa empezaba a coger colores extraños con la lluvia, el carnet de
ruta lo llevaba bien protegido en su funda, pero un extremo tenía
húmedo, pagué mi tentempié con un billete más que húmedo… pero tenía
por delante 54 kms, y de mi interior salieron fuerzas nuevas que me
animaron a seguir. Varios se quedaban allí a comer sentados en una
mesa, yo prefería no enfríar el cuerpo más.

¡Qué voy a decir! Seguía lloviendo, y lloviendo, no recuerdo más de
veinte minutos seguidos sin llover. Pasé pueblos como Conill,
preciosos, pero quién tiene ganas de mirar aquello tan bonito, si las
gafas apenas me dejan ver, tengo que ir esquivando los charcos más
grandes, y la rueda de atrás escupe el agua como si estuviéramos en un
balneario… Así, subiendo hasta los 700 mts, llegué a Calaf, crucé el
pueblo como un fantasma, y giré en dirección a Rajadell.

Comenzó un terreno muy rompepiernas, ahora llueve, ahora llueve más,
dí alcance a algún que otro ciclista con menos fuerzas, y al estar más
encajado en un valle, el viento no se notaba apenas. Pasamos cerca de
Casteller, cononado por un derruido castillo del que asomaba una grúa
con que lo estarían rehabilitando.

Rajadell apareció entre las curvas de los montes, sin lluvia, tenía a
tres compañeros de ruta a mi lado, a los que ya no abandonaría hasta
Manresa. La media se había quedado en 26 km/h y cuando llegamos de
nuevo al club Bonavista, mi cuentakilómetros se paró en 223 kms. La
altitud acumulada superaba los 2.400 metros.

Allí encontré a Agustí, que había llegado 20 minitos antes… pero sin
perderse, claro, para eso es el que lo organiza. Uno me contó que
también llegó a Tárrega, perdido, pero que decidió ir hasta Sant Ramón
por la autovía… con la mala suerte de encontrarse con la policía de
Tráfico, hacerle dar media vuelta, coger la vía de servicio sin saber
por dónde, aparecer en Cervera… vamos, que el cruce de Agramunt
deberían haberlo puesto con luces de neón, hoy, pues nos hemos perdido
un montón de gente por allí.

Mi sensación es buena, no llegué cansado aunque sí hecho un trapo
viejo después de un día de limpieza, pero podría haber seguido, con lo
que me encuentro en condiciones de terminar por primera vez un 300…
pero eso será otro día.

Y para terminar, después de haber hecho tres brevets 200 y dos de
ellas caerme todo el agua del mundo…. una preguntita: ¿para cuándo
una brevet 200 en pista cubierta?

He colgado unas fotos en http://es.pg.photos.yahoo.com/ph/mboscuro/album?.dir=/954dre2

Miguel, en mi casa de Nonaspe, y seco.

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